Fin de curso en Cantabria: tres días de convivencia, aventura y aprendizaje
Los días 13, 14 y 15 de junio, el alumnado de nuestro colegio de Acebo disfrutamos de una magnífica excursión de fin de curso junto a nuestros compañeros y compañeras de las clases de 5.º y 6.º de Primaria de Hoyos. Fueron tres jornadas repletas de convivencia, diversión, descubrimientos y experiencias que permanecerán durante mucho tiempo en nuestra memoria.
La aventura comenzó la mañana del 13 de junio. Con mucha ilusión y algunas mariposas en el estómago, nos despedimos de nuestras familias para emprender el viaje hacia Cantabria. El trayecto en autobús fue muy entretenido gracias a nuestro conductor favorito, Ángel, que contribuyó a crear un ambiente fantástico desde el primer momento. Durante el camino sonaron muchas canciones actuales que todos conocíamos y que cantamos juntos, convirtiendo las horas de viaje en una auténtica fiesta sobre ruedas.


Nuestra primera parada tuvo lugar en Santander, donde nos esperaba una emocionante actividad en TirolinasGo, un parque de aventura situado muy cerca de la playa. Allí pusimos a prueba nuestra valentía y nuestras habilidades físicas recorriendo diferentes circuitos de tirolinas, puentes tibetanos y pasos suspendidos en redes. Entre risas, nervios y mucha emoción, conseguimos superar los distintos retos, ayudándonos unos a otros y disfrutando de una experiencia llena de adrenalina.



Tras finalizar la actividad, nos dirigimos a la famosa playa de El Sardinero. Aunque el tiempo no acompañaba demasiado y el agua estaba algo fría para darse un baño, pudimos pasear por la arena, jugar junto a la orilla y acercarnos al mar para tocar el agua. Fue un momento perfecto para relajarnos después de la actividad de aventura y para disfrutar del entorno costero de una de las playas más conocidas de Cantabria.


Al terminar la jornada nos desplazamos hasta el albergue Las Indianas, situado en la Hermandad de Campoo de Suso. Allí organizamos nuestras habitaciones, dejamos el equipaje y compartimos los primeros momentos de convivencia en el alojamiento. Después de cenar, tuvimos tiempo para conversar, jugar y comentar las experiencias vividas durante el día. Poco a poco el cansancio fue haciendo acto de presencia y nos fuimos a descansar para recuperar fuerzas, ya que al día siguiente nos esperaba una de las actividades más esperadas del viaje.
La mañana del 14 de junio comenzó temprano. Ángel ya nos esperaba con el autobús preparado para llevarnos al espectacular Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Desde nuestra llegada, la emoción fue creciendo a medida que recorríamos este impresionante espacio natural en el que los animales viven en grandes recintos adaptados a sus necesidades.
Durante toda la jornada pudimos observar una enorme variedad de especies procedentes de diferentes lugares del mundo. Nos impresionaron especialmente las jirafas con su gran altura, los enormes elefantes, las leonas descansando en grupo, los tigres, los gorilas, los osos y los camellos, entre muchos otros animales. Cada parada nos permitía aprender curiosidades sobre las distintas especies y conocer mejor sus características y hábitos de vida.

















Uno de los momentos más divertidos fue, sin duda, el recorrido en teleférico. Desde las alturas disfrutamos de unas vistas espectaculares del parque y pudimos contemplar gran parte de las instalaciones desde una perspectiva diferente. También asistimos a la exhibición de aves rapaces, aunque la lluvia obligó a acortar la actividad antes de lo previsto. A pesar de ello, pudimos observar de cerca algunas impresionantes aves y conocer mejor sus capacidades de vuelo.









La visita terminó en el Reptiliario, uno de los espacios que más expectación despertó entre todos. Allí encontramos una gran colección de serpientes, lagartos, tortugas y otros reptiles procedentes de distintos continentes. Algunas de las especies expuestas eran especialmente llamativas por su tamaño o por su peligrosidad, lo que hizo que la visita resultara todavía más emocionante.












Tras una intensa jornada rodeados de animales, regresamos al albergue para descansar. Allí tuvimos tiempo para asearnos, compartir juegos, conversar con nuestros compañeros y seguir fortaleciendo los lazos de amistad entre el alumnado de ambos colegios. Después de la cena, el cansancio acumulado hizo que la mayoría nos fuéramos a dormir con rapidez, pensando ya en las actividades del último día.
El 15 de junio llegó demasiado pronto. Después del desayuno y de recoger nuestras pertenencias, pusimos rumbo a la Neocueva de Altamira. Esta visita nos permitió realizar un fascinante viaje al pasado, transportándonos miles de años atrás para descubrir cómo vivían nuestros antepasados durante la Prehistoria.
A través de las explicaciones y de la observación de las famosas pinturas rupestres reproducidas en la neocueva, aprendimos numerosos aspectos relacionados con la vida cotidiana, las costumbres y las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad. Fue una experiencia muy enriquecedora que nos ayudó a comprender mejor una etapa fundamental de nuestra historia.




















Después de esta última actividad llegó el momento de emprender el regreso a Acebo y Hoyos. Durante el viaje de vuelta compartimos recuerdos, anécdotas y canciones de todo lo vivido. Regresamos a nuestros pueblos con la sensación de haber disfrutado de una experiencia inolvidable, llena de aventuras, aprendizajes y momentos especiales junto a nuestros amigos y amigas.
Sin duda, esta convivencia en Cantabria ha sido una forma magnífica de cerrar el curso escolar. Tres días intensos que nos han permitido descubrir lugares maravillosos de nuestra geografía, convivir con compañeros de otro centro y crear recuerdos que nos acompañarán durante mucho tiempo. Un viaje que permanecerá grabado en nuestra memoria como uno de los mejores momentos del curso 25/26
















































































